ENTRE LA INDIGNACIÓN Y LA ESPERANZA DE UN CAMBIO

Por Diego Torres

HABLAR DE MIGRACIÓN: POLÍTICA DEL MIEDO

Por Diego Torres

Hablar de Migración es hablar del miedo como táctica de control contra los pueblos. El gobierno de Donald Trump recurre al miedo como estrategia de dominación. A través de la criminalización de los migrantes, las redadas masivas y las amenazas políticas, busca construir un enemigo interno que justifique la represión y fortalezca su proyecto autoritario.

Hablar de Migración, es reconocer que el miedo ha sido una constante en la historia reciente de Estados Unidos como herramienta de control. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de George W. Bush impulsó el Patriot Act, legalizando el espionaje interno y la represión preventiva. Se instaló una cultura del miedo que hoy sirve de base para justificar la violencia estatal.

Hablar de Migración, es entender que esa lógica del miedo está siendo dirigida hacia el ámbito migratorio. Se fortalecieron las agencias de control fronterizo, se incrementaron los presupuestos para persecuciones internas y se impuso la figura del “enemigo interno”: el migrante, el musulmán, el disidente. El miedo sirvió para legitimar guerras en el extranjero y violencia contra sectores populares dentro del país.

Hablar de Migración, es señalar cómo Trump repite esa fórmula. Las redadas en ciudades como Los Ángeles no son respuestas espontáneas a una crisis migratoria, sino actos calculados para sembrar terror y provocar reacciones que justifiquen la represión. Trump construye su enemigo: el migrante, el joven afroamericano, el activista, el gobernador que se atreve a disentir.

Hablar de Migración, es advertir que estas provocaciones buscan generar estallidos sociales que justifiquen el uso de la Guardia Nacional y refuercen un discurso autoritario de “restauración del orden”. La amenaza de encarcelar al gobernador de California o a cualquier otro que se oponga a sus políticas, revela hasta dónde está dispuesto a llegar un gobierno que pretende aplastar toda forma de resistencia.

Hablar de Migración, es denunciar que la criminalización del migrante es una herramienta de división y control social. Presentar a los migrantes como delincuentes o invasores alimenta el racismo, refuerza estereotipos y legitima la violencia institucional. No se trata solo de deportar: se trata de infundir miedo, destruir la solidaridad y fracturar al pueblo.

Hablar de Migración, es desmentir la narrativa oficial de que “solo se deporta a criminales”. La mayoría de los migrantes son personas trabajadoras que evitan cualquier situación que los exponga. Viven en las sombras, sobreviven con dignidad, y aun así son perseguidos como si fueran una amenaza.

Hablar de Migración, es denunciar la campaña de criminalización contra los migrantes venezolanos, acusados sin pruebas de pertenecer al Tren de Aragua. Esta narrativa sirvió para justificar su deportación a la megacárcel de Bukele, donde muchos han sido hallados inocentes. Ha sido tal el abuso, que incluso jueces estadounidenses comenzaron a frenar estas deportaciones ilegales, ordenes desatendidas la administración Trumpista.

Hablar de Migración, es evidenciar cómo ante la oposición legal, el gobierno de Trump optó por deportar migrantes en regiones con baja presencia mediática, para evitar el escrutinio público. Esta estrategia buscó sembrar miedo silencioso, al mismo tiempo que generaba una falsa sensación de control en otras comunidades.

Hablar de Migración, es reconocer que, pese al miedo, surgieron protestas. En todo el país, miles se movilizaron contra las políticas de Trump. Incluso personas que votaron por él comenzaron a rechazar el uso desproporcionado de la fuerza y la criminalización de comunidades enteras.

Hablar de Migración, es analizar cómo el gobierno respondió con violencia y manipulación mediática. En lugar de asumir responsabilidades, apostó a mostrar solo las imágenes de enfrentamientos, ocultando las causas legítimas del descontento. Así consolidó su narrativa: los migrantes como culpables, el Estado como víctima del caos.

Hablar de Migración, es entender que esta estrategia tiene consecuencias profundas. Desmoviliza, fragmenta y refuerza la idea de que los derechos son privilegios otorgados por el poder. Pero también ha comenzado a generar respuestas desde abajo: jóvenes, hijas e hijos de migrantes, trabajadoras, estudiantes, afrodescendientes y la comunidad LGBTQ+, se están organizando para resistir.

Hablar de Migración, es reconocer que la violencia institucional no es nueva, pero hoy se ejerce con mayor impunidad. Las protestas en Los Ángeles, no son irracionales ni violentas por naturaleza: son expresiones legítimas de una dignidad que no puede seguir siendo pisoteada.

Hablar de Migración, es asumir desde la izquierda, el compromiso de fortalecer estas resistencias. Debemos denunciar la política del miedo, construir unidad desde abajo, fomentar la conciencia crítica y tejer redes de solidaridad transfronteriza. Porque frente a la fragmentación impuesta desde arriba, solo la organización popular puede construir un nuevo horizonte de justicia y dignidad.

Hablar de Migración, es informar a los migrantes que estamos ante una etapa sumamente difícil, pero también recordar que, históricamente, los migrantes han sabido levantarse de las peores crisis y salir victoriosos. Esta vez no estamos solos. En Estados Unidos, una parte importante de la población norteamericana, que durante años permaneció en silencio, ha comenzado a alzar la voz contra el remedo de rey que pretende ser Donald Trump. Este es un momento que no podemos desperdiciar. La unidad entre migrantes, ciudadanos, trabajadoras y pueblos organizados es la clave para derrotar la amenaza que representa Trump. Ni su arsenal militar, exhibido con arrogancia en sus desfiles, podrá contra los millones que ya protestan contra la injusticia, el autoritarismo y el poder de los de arriba.

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