HABLEMOS DE MIGRACIÓN: LA PARADOJA DEL MIGRANTE: SOSTÉN DE NACIONES, VÍCTIMA DEL SISTEMA
Por Diego Torres
Hablar de migración, es contemplar el sentido amplio del papel que podría desempeñar la hispanidad en Estados Unidos, un potencial que no se ha concretado por completo. En la mezcla de culturas, ha faltado la organización de todos los hispanos y en su lugar, ha prevalecido la discriminación interna. Esto ha fortalecido al supremacismo blanco, que persigue y atemoriza a muchos migrantes; sin importar ya su estatus migratorio. Al mismo tiempo, una clase oligarca presiona y margina incluso a aquellos hispanos que cuentan con un estatus migratorio estable, pero frágil. Es doloroso constatar que, dentro de las mismas comunidades migrantes, se ha desarrollado un racismo y una xenofobia que hieren tanto o más, que la violencia de los supremacistas.
Hablar de migración, es preguntarnos ¿cómo es posible que quienes han impulsado el crecimiento económico de Estados Unidos y de sus países de origen —como México, que en los últimos años ha recibido más de sesenta mil millones de dólares en remesas anualmente— sigan atrapados en una pobreza lacerante que los condena al exilio?
Hablar de migración, es denunciar que la persecución de Donald Trump, hacia los migrantes no responde únicamente a su odio personal; sino también a la pasividad de comunidades que no han logrado organizarse en décadas y que esperan que los gobiernos resuelvan sus problemas. Esos mismos gobiernos, no han conseguido romper con los viejos regímenes que mantienen el control en sus países, los mismos que expulsaron a millones producto de la pobreza y la violencia características del neoliberalismo. Tampoco se ha construido, la unidad internacional necesaria para que las naciones presionadas por Estados Unidos, puedan enfrentar de manera conjunta su política agresiva.
Hablar de migración, es hacer un llamado a ver la realidad del migrante: desprotegido en su mayoría, tanto en Estados Unidos, como a su regreso a las comunidades de origen. Desunidos, abusados y enfrentados entre sí, muchos terminan actuando como si fueran enemigos, sin advertir que con ello favorecen a quienes, por todos los medios se aprovechan de ellos.
Hablar de migración, es criticar programas como «México te Abraza» , no para que desaparezcan; sino para que se fortalezcan y amplíen su alcance. Protegiendo no solo a mexicanos, sino a todos los migrantes hispanos perseguidos por la administración estadounidense. Un verdadero acompañamiento implica apoyo integral y efectivo.
Hablar de migración, es atender los reclamos de migrantes, que cansados de sufrir, exigen recibir algo de lo mucho que han aportado. Es apoyando a encauzar sus demandas, hacia acciones concretas que les permitan salir de la situación en la que viven. Y prevenirlos del riesgo de caer en el juego de la derecha, que busca manipular su enojo, para impedir que gobiernos de izquierda lleguen al poder; ocultando que los verdaderos responsables de la miseria, son el producto de quienes, por décadas estuvieron al frente de administraciones que saquearon a los pueblos y que hoy pretenden pasar la responsabilidad de esos hechos a los nuevos gobiernos que buscan la transformación.
Hablar de migración, es exigir a los gobiernos que dejen de solo solicitar el cese de las redadas y empiecen a combatir las causas estructurales, que originan la migración. No se puede hablar de un combate real a la pobreza, cuando a pesar de sacar a millones de ella; estos mismos millones no acceden a una vida de calidad con tiempo para el ocio, la educación o el esparcimiento; mientras los grandes empresarios reportan ganancias multimillonarias año tras año.
Hablar de migración, es recordar que los flujos migratorios no se detendrán. Aunque las noticias se concentren en deportaciones, miles de personas continúan arriesgándolo todo para cruzar la frontera. Esa persistencia, es prueba clara de que las condiciones precarias siguen predominando en los países expulsores.
Hablar de migración, es considerar que la política migratoria de México, está estrechamente vinculada a la de Estados Unidos. Sin embargo, esa relación no debe entenderse como servilismo; sino como una estrategia para defender la soberanía nacional y proteger la estabilidad de los migrantes mexicanos. La presión de ser vecino del gobierno más hostil, corrupto y violento del mundo no es fácil. México ha tenido que contener los flujos migratorios, porque de no hacerlo, las consecuencias serían aún más graves para los migrantes y para el propio país. Aún cuando Estados Unidos ha deportado a miles, las deportaciones de mexicanos han permanecido relativamente bajas. No obstante, es necesario denunciar los desvíos de algunos elementos de la Guardia Nacional, que han comenzado a repetir prácticas de la antigua Policía Federal y señalar la enorme tarea pendiente en la reestructuración del Instituto Nacional de Migración.
Hablar de migración, es escuchar a quienes gritan que al gobierno solo le importan los dólares de las remesas. Y responderles que es verdad; porque esos dólares son un salvavidas para millones de familias; pero eso no exime de seguir exigiendo justicia estructural. No podemos olvidar, el peso de los gobiernos pasados, cuyo legado de corrupción y saqueo no desaparecerá en pocos sexenios. Basta recordar el caso del FOBAPROA de 1994, cuya deuda ha costado más de dos billones de pesos en tres décadas y seguirá pagándose al menos, hasta 2050.
Hablar de migración, es reconocer un presente complejo, pero también la esperanza de un cambio en marcha. Ese cambio exige participación activa, organización y vigilancia, para no repetir desviaciones del pasado. Hoy, el descontento en Estados Unidos se expresa en movimiento: como la marcha de “No Kings”. La respuesta, no está en la espera pasiva, sino en la organización, la unidad y la cooperación. Se trata de capitalizar el descontento generalizado, para construir un futuro donde migrar sea una opción y no una necesidad desesperada y donde el regreso al país sea por decisión propia y no por una deportación forzada. necesidad.

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