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MIGRACIÓN Y TRUMPISMO: LA CONSOLIDACIÓN DE UN RÉGIMEN DE EXCEPCIÓN

Por Diego Torres

Hablar de migración, al inicio del segundo año de la era Trump, no es un ejercicio retórico, ni una exageración política. Es, ante todo, una necesidad analítica. Lo que hoy se vive en Estados Unidos apunta a la consolidación de un proyecto de poder autoritario (con rasgos claramente fascistas) que busca perpetuarse más allá de los límites institucionales. Una nación, que durante décadas se presentó como la más poderosa del mundo, comienza a transformarse en una de las más peligrosas; no solo para su población, sino para la estabilidad internacional. En este proceso, la comunidad migrante se ha convertido en el blanco central del discurso y de las acciones del Trumpismo.

La decadencia de la hegemonía estadounidense

No resulta descabellado afirmar, que Donald Trump busca mantenerse en el poder de manera indefinida. El análisis de su primer año de gobierno revela un patrón claro: la profundización de la crisis estructural de Estados Unidos, como potencia global. En el plano económico, el crecimiento acelerado de la deuda pública, ha alcanzado niveles prácticamente impagables, colocando al país ante una disyuntiva crítica: enfrentar una crisis financiera profunda o recurrir, una vez más, a la guerra como mecanismo de financiamiento.

A este escenario, se suma el ascenso sostenido de China y Rusia; así como la consolidación de los BRICS. Estos factores evidencian las crecientes dificultades de Washington para mantener la hegemonía que ejerció durante décadas y que hoy se erosiona día con día, poniendo en riesgo los intereses del capital concentrado que domina el aparato estatal estadounidense.

Política exterior sin límites ni moral

Esta pérdida de hegemonía ha llevado al inquilino de la Casa Blanca, a intensificar una política exterior basada en la desestabilización. A ello se suman constantes amenazas de aranceles comerciales (muchas de ellas absurdas) que terminan afectando principalmente a su propia población; el injerencismo regional, particularmente en El Salvador, donde cuenta con Nayib Bukele, como aliado incondicional, sometiendo al pueblo salvadoreño nuevamente a la tiranía del autonombrado, “dictador más cool del mundo mundial”; la reciente intervención en los procesos electorales de Honduras; además de  las constantes amenazas de llevar a cabo incursiones militares en territorio mexicano, en contra de los narcotraficantes y la presión permanente e incluso la planeación abierta de una posible invasión a Venezuela.

Asimismo, su papel en el conflicto entre Rusia y Ucrania; lejos de contribuir a una solución, ha prolongado una guerra que responde a intereses estratégicos de Estados Unidos, independientemente del cambio de administraciones. De manera paralela, el apoyo irrestricto al gobierno de Israel, frente al genocidio que continúa perpetrándose contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza, exhibe con crudeza la bancarrota moral del Trumpismo.

El enemigo interno: la comunidad migrante

Si existe un hilo conductor en el proyecto político de Trump, es la construcción sistemática de un enemigo interno, presente desde su candidatura presidencial. Y ese enemigo ha sido, desde el inicio, la comunidad migrante. No únicamente la población indocumentada, sino la sociedad estadounidense en su conjunto, cuya historia es, en esencia, una historia migrante.

Las acciones persecutorias y represivas, no se han limitado a quienes carecen de estatus migratorio, sino que han sido dirigidas contra amplios sectores de la población. Durante su primer mandato, Trump calificó a las personas migrantes como criminales, violadores y “lo peor” de sus países de origen. Lo que entonces parecía un discurso extremo, ha sido ampliamente superado en este segundo periodo.

Hoy, el Trumpismo recurre abiertamente a consignas propias del imaginario nazi, como la supuesta “contaminación de la sangre” y redefine el concepto de “migrante”, para incluir, a cualquiera que no encaje en el perfil racial que él representa. Este discurso, ha desatado una persecución; que incluso ha alcanzado a sectores migrantes que, paradójicamente, respaldaron su llegada a la presidencia.

El camino hacia la perpetuación del poder

Donald Trump, no oculta su intención de mantenerse en el poder. La redistribución de distritos electorales, en estados clave, para alterar los resultados a favor del Partido Republicano; así como el control de medios de comunicación de derecha (como Fox News), forman parte de una estrategia integral, para normalizar el autoritarismo. Estos medios, justifican cualquier acto, por aberrante que sea, con tal de sostener un sistema; que mantiene a amplios sectores de la población en la desinformación y la precariedad.

A ello, se suman las movilizaciones de la Guardia Nacional en distintos puntos del país, especialmente en territorios donde Trump, enfrenta mayor oposición. Bajo el pretexto de una supuesta “invasión migrante”, se ha instaurado una política del miedo, que afecta tanto a personas indocumentadas como a migrantes con estatus legal e incluso a ciudadanos estadounidenses. La participación de cazarrecompensas en estas tareas, refuerza un clima de terror que el Trumpismo, el cual sabrá capitalizar políticamente llegado el momento.

Estado de excepción y ruptura constitucional

Entre las primeras órdenes ejecutivas firmadas, el 20 de enero de 2025, destaca el perdón y la liberación de más de 1,600 terroristas domésticos, que participaron en el intento de toma del Capitolio tras la derrota electoral de Trump, frente a Joe Biden. A ello se suma el intento de eliminar el derecho a la ciudadanía por nacimiento para hijas e hijos de personas migrantes indocumentadas.

Más allá de su impacto demográfico real, estas medidas revelan el objetivo de fondo: perseguir sistemáticamente, a quienes no son blancos y demostrar que el Trumpismo está dispuesto a violentar la Constitución, para imponer su proyecto ideológico. La demolición de parte de la Casa Blanca, para construir un salón acorde al ego presidencial, es apenas un símbolo de un desprecio más profundo por la historia, las leyes y las instituciones de Estados Unidos.

Migración y crisis: el horizonte inmediato

El panorama para Estados Unidos es alarmante. Las decisiones de Donald Trump, encaminan al país hacia una crisis de gran magnitud. Como ha ocurrido históricamente, los primeros afectados, serán las personas migrantes; no solo las indocumentadas. A la par, los países de origen resentirán la intromisión desbordada del Trumpismo: intentos constantes de invasión a Venezuela, campañas de desestabilización al gobierno Colombiano, presiones constantes sobre México y la continuidad de la política de asfixia contra el pueblo cubano.

En este contexto, 2026 será un año en el que hablar de migración, será inevitablemente, hablar de Donald Trump. No como una figura aislada; sino como el rostro de un proyecto político, que ha hecho de la persecución, el miedo y la exclusión, su principal estrategia de poder.

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