ESTADOS UNIDOS CRUZA UNA LÍNEA PELIGROSA EN VENEZUELA
Por Diego Torres
El secuestro de Nicolás Maduro y la intervención militar de Estados Unidos reabren el debate sobre soberanía, legalidad internacional y las consecuencias migratorias de una nueva ofensiva imperial.
A casi 24 años del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez (11 de abril de 2002), Venezuela vuelve a colocarse en el centro de una crisis política de alta intensidad, ahora marcada por una operación militar estadounidense que, según declaraciones de Donald Trump, incluyó bombardeos en territorio venezolano y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
El futuro de lo que acontecerá en Venezuela es incierto. Maduro se encuentra detenido, acusado de narcoterrorismo en Nueva York y permanece bajo custodia federal, un hecho que ha detonado una oleada de posicionamientos diplomáticos y un debate sobre legalidad internacional, soberanía y precedentes de intervención. Uno de los primeros en fijar su postura fue el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani, quien calificó la detención como “un acto de guerra” y “violación del derecho federal e internacional”.
Nos encontramos en el umbral de lo que podría ser un conflicto de dimensiones globales. El interés de Trump de dominar el continente recuerda peligrosamente a los impulsos expansionistas de otros momentos oscuros de la historia. Durante su campaña para un segundo mandato ya se habían hecho comparaciones figuras autoritarias del pasado; en su momento, pocos tomaron estas advertencias con seriedad. Sin embargo, la pretensión de someter a países no alineados a sus intereses imperialistas, bajo la falsa justificación de “implantar la democracia”, deja al descubierto la magnitud del problema que hoy enfrenta el mundo.
Trump, quien se presenta como un supuesto promotor de la paz e incluso se considera merecedor del Premio Nobel, se está consolidando como uno de los actores más beligerantes de la escena internacional reciente y como una amenaza para la estabilidad global. De no existir contrapesos reales, el panorama mundial podría deteriorarse de manera acelerada.
Los flujos migratorios que tanto ha presumido haber contenido no se detendrán. La reciente intervención en el proceso electoral en Honduras traerá consigo un retroceso en el frágil avance de ese país, aún gobernado por Xiomara Castro, lo que obligará a más personas hondureñas a abandonar su territorio en busca de un futuro mejor. De igual forma, el avance de la derecha en Chile y su consolidación en Argentina profundizan la pobreza en la región y con ello, el incremento de la migración.
El ataque a Venezuela y la posible intervención en Colombia y Cuba agravarán aún más la situación en una región de la que, en los últimos años, han provenido buena parte de los flujos migratorios. A esto se suma la falta de un interés real del gobierno estadounidense por combatir el tráfico de estupefacientes, lo que permite que la violencia continúe expandiéndose. Incluso, estos grupos delictivos podrían convertirse en instrumentos funcionales para el control y la dominación regional.
Las amenazas hacia México tampoco pueden minimizarse. Si bien resulta poco probable una incursión directa como la realizada en Venezuela, sí es factible la implementación de acciones armadas focalizadas a desestabilizar gobiernos estatales. Estas estrategias buscarían, de manera gradual, recuperar por la vía de la fuerza lo que la derecha mexicana no ha logrado por medios democráticos.

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