Por Diego Torres

Hablar de migración a un mes de la histórica jornada electoral en México es reconocer el éxito del gobierno en su proyecto de continuidad. La contundente victoria de Claudia Sheinbaum no fue simplemente un triunfo personal, fue una demostración abrumadora de apoyo ciudadano que le dio más del doble de votos de los obtenidos por Xóchitl Gálvez.

Abordar el tema de migración implica reconocer que, aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha provocado un cambio significativo en la percepción de los mexicanos hacia su país al escuchar sus voces por primera vez, todavía quedan numerosos desafíos por resolver.

Diariamente, millones de personas sintonizan las mañaneras de AMLO, cuyos mensajes marcan ampliamente la agenda noticiosa en los medios de comunicación, y donde consistentemente se ha referido a los migrantes mexicanos en Estados Unidos como «héroes de la nación». Sin embargo, las acciones para atender las necesidades de esta población distan mucho de equipararse con la importancia que muestran los migrantes por su país, manifestado en la magnitud de las remesas que nuestros compatriotas envían anualmente a sus familias en todo México.

El contexto electoral también revela que, si bien muchos mexicanos acudieron masivamente a las urnas, los residentes en el exterior enfrentaron obstáculos significativos, como la falta de suficientes lugares en las casillas acordadas por el INE. A pesar de asegurar inicialmente el derecho al voto para todos los espacios reservados para los mexicanos en el extranjero, varios consulados dejaron de recibir votos a las 5:30 de la tarde, violando la ley electoral y dejando a miles de personas sin poder ejercer su sufragio.

En este periodo de transición gubernamental, es fundamental reconocer el derecho legítimo de algunos sectores de izquierda a criticar a AMLO y su administración. Problemas como el hambre, la miseria, la inseguridad y otros desafíos heredados de gobiernos anteriores no desaparecieron en este gobierno iniciado en el 2018, ni desaparecerán con el próximo gobierno. Aunque se han hecho esfuerzos para atender a los sectores más vulnerables, aún queda mucho por hacer bajo el gobierno de la llamada 4T y en los temas pendientes están incluidos todos los temas migrantes.

Es claro que en México, Morena sigue siendo vista como la solución viable. Sin embargo, es crucial mantener su rumbo y resistir los constantes ataques de los medios tradicionales.

El debate sobre las 20 reformas constitucionales presentadas por AMLO y que será votada por la próxima legislatura, debe incluir una consideración profunda del tema migratorio, tanto para los mexicanos en el exterior como para los migrantes que buscan establecerse en nuestro país o continuar su ruta hacia Estados Unidos.

Hablar de migración también implica denunciar la campaña de desprestigio emprendida por algunos medios estadounidenses contra AMLO y Claudia, acusándolos de autoritarios y una amenaza para la democracia mexicana. Esos medios deben entender que vivimos en un nuevo México donde la democracia garantiza que se escuche la voz de todos, no solo de los poderosos como en la era neoliberal. En este México Humanista se reconoce la dignidad de los pobres como seres humanos, no como mercancías.

Es importante comprender que las decisiones de AMLO no son autoritarias, están respaldadas por la autoridad que le concedió el pueblo de México con más de 30 millones de votos de mexicanos que trabajan incansablemente por un México más justo y humanista. Y que esta autoridad también la tendrá la próxima presidenta Claudia Sheinbaum, para enarbolar los principios que la llevaron al poder, para ejercer el poder obediencial.

Finalmente, hablar de migración es cambiar la esperanza, por la construcción de un futuro mejor, donde la relación entre gobiernos y migrantes se base en el respeto mutuo y el beneficio de los más necesitados.

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