HABLEMOS DE MIGRACIÓN
Por Diego Torres
Hablar de migración, en el mes de noviembre, cuando en México y en algunos países de América Latina se conmemora el Día de Muertos, nos invita a reflexionar sobre la relación entre migración y muerte. Este mes, donde inicia el frío invernal, nos recuerda las tragedias anuales en las que muchas personas pierden la vida en su búsqueda del sueño de una vida mejor. A través de esta conmemoración, también honramos la memoria de los migrantes que fallecieron en el camino; víctimas de un sistema que los empuja a rutas cada vez más riesgosas.
Hablar de migración, con la muerte como tema central, implica hablar de aquellas personas que perdieron la vida incluso antes de salir de sus comunidades; enfrentados a la creciente inseguridad y violencia en sus lugares de origen, cuando a pesar de haber estado planeando su salida para protegerse, del crimen organizado, perdieron su vida; aumentando el número a la estadística de los daños colaterales.
Hablar de migración, en el contexto de la muerte, abre una puerta a historias de extremo dolor y sufrimiento; especialmente de aquellos a quienes impulsados por la pobreza, se ven forzados a tomar rutas peligrosas y de difícil acceso. Tales como la selva del Darién en Colombia, en el techo de «La Bestia» en el sur de México o los desolados caminos del desierto entre México y Estados Unidos; los cuales resultan en la mayoría de las veces mortales. La falta de recursos y oportunidades hace que los migrantes tomen caminos apartados, para evitar ser aprendidos y deportados por las autoridades migratorias, lo que los expone a ser víctimas de las redes del crimen organizado. Las fronteras entre Colombia y Panamá, así como las de Guatemala y México y con Estados Unidos se convierte en una trampa mortal; donde solo unos pocos logran cruzar sin ser detectados por las diferentes agencias migratorias. Sin embargo, muchos son capturados y repatriados y otros tantos pierden la vida; quedando solo sus restos como testigos de su travesía.
Hablar de migración y muerte, nos obliga a recordar también las tragedias de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Hasta hoy, muchas de estas muertes permanecen sin esclarecer y desconocemos cuántas de ellas eran migrantes, víctimas de la violencia de quienes cruzan la frontera desde el lado Americano con el deseo de satisfacer impulsos viles de seres enfermos de poder. Los feminicidios, son otro rostro del riesgo que enfrentan muchas mujeres en su trayecto migratorio, sin importar si son migrantes o habitantes de la región.
Hablar de migración, en estas fechas también nos permite recordar a los migrantes que ya partieron de este mundo; pero que dejaron un legado de trabajo y esfuerzo. Cesar Chávez con la defensa de los derechos de los trabajadores migrantes y Fernando Valenzuela, que visibilizo a la población latina migrante en Estados Unidos. Así como una crítica a una sociedad que suele ignorar que el bienestar y los lujos de los que goza, son producto de manos trabajadoras de migrantes; que pocas veces son reconocidas.

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