HABLEMOS DE MIGRACIÓN: TRUMP, LA CRISIS MIGRATORIA Y EL DESPERTAR DE UNA GENERACIÓN EN RESISTENCIA
Por Diego Torres
Hablar de migración, implica nombrar por su nombre a la principal causa de este fenómeno: el modelo neoliberal y su máximo representante en la actualidad, Donald Trump. Todos los estudios, investigaciones y análisis, coinciden en que, las principales razones de los movimientos masivos de personas en el mundo son: la pobreza, la violencia, la reunificación familiar y el cambio climático. Sin embargo, detrás de cada una de estas causas, se encuentran políticas impuestas por gobiernos neoliberales que; en su afán de beneficiar a unos pocos, han condenado a la mayoría de la población a condiciones de vida precarias, obligándolos a migrar.
Hablar de migración, en el continente americano nos lleva a denunciar las acciones xenófobas, que está implementando Trump. Estas políticas no son nuevas; la historia de Estados Unidos está marcada por medidas imperialistas, que han afectado a América Latina y otras regiones. No obstante, Trump ha llevado esta tendencia al extremo, promoviendo discursos de odio, endureciendo leyes migratorias y criminalizando a quienes buscan un mejor futuro en territorio estadounidense.
Hablar de migración, es también recordar que Estados Unidos, no se ha conformado, con imponer la pobreza en la región mediante la implantación del modelo neoliberal. Desde el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, Washington ha impulsado gobiernos afines a sus intereses económicos, como el de Carlos Salinas de Gortari en México, quien consolidó el neoliberalismo en el país, o a Ernesto Zedillo, que en lugar de reconocer su fracaso, implementó medidas como el FOBAPROA; asegurando el empobrecimiento de la población mexicana, para rescatar a la élite financiera.
Hablar de migración en el contexto de la violencia y el narcotráfico, es evidenciar el papel de Estados Unidos en esta problemática. Desde el escándalo Irán-Contra en los años 80, donde el gobierno estadounidense, ha financiado grupos armados para desestabilizar a gobiernos no alineados con su visión; muchas veces recurriendo al narcotráfico como fuente de financiamiento. Esta injerencia no ha cesado, pues Washington continúa respaldando a grupos opositores, sin importar que algunos de ellos, fomenten la violencia o atenten contra la democracia de sus propios países. Además, Estados Unidos es el principal mercado de consumo de drogas en el mundo; lo que alimenta el narcotráfico y la violencia en América Latina y al resto del mundo. Su política de lucha contra las drogas ha sido un fracaso que ha llevado a la militarización de países o en el mejor de los casos, implementar nuevas fuerzas como la Guardia Nacional en México; donde la guerra contra el narco, iniciada en 2006 por Felipe Calderón, dejó comunidades enteras vacías debido a la violencia. Mientras tanto, Washington ha intentado desestabilizar a Venezuela, Cuba y Nicaragua; mientras que ha ingerido en diferentes tiempos en Honduras, El salvador y Guatemala entre tantos otros; promoviendo golpes de Estado, impulsando candidatos a modo en las campañas presidenciales o desatando crisis de seguridad, todo con el fin de imponer gobiernos que se sometan a su agenda.
Hablar de migración, en el contexto climático, es reconocer en Estados Unidos, a uno de los mayores contaminantes del mundo. Sus acciones, han contribuido al aumento de fenómenos naturales extremos, afectando principalmente a comunidades empobrecidas, cuyos habitantes se han visto obligados a emigrar en busca de un lugar más seguro donde vivir. Mientras no se tomen medidas serias para mitigar el cambio climático, el desplazamiento forzado y las diversas razones ambientales, estas seguirán en aumento.
Hablar de migración, en este contexto, es advertir que, sin importar las medidas que implemente Estados Unidos para frenar los flujos migratorios, estos continuarán; mientras no se atiendan sus causas de origen. Las políticas restrictivas, solo aumentarán el número de personas que mueren intentando llegar a territorio estadounidense. Al mismo tiempo, la sociedad norteamericana enfrentará una creciente inestabilidad interna, con una economía en deterioro, un aumento en el consumo de drogas y la violencia; todo ello agravado por el discurso de odio impulsado por Donald Trump.
Hablar de migración, también es destacar la importancia de que los hijos de migrantes indocumentados alcen la voz y protesten ante la amenaza de la separación familiar. Muchos de estos jóvenes, de segunda y tercera generación, que en su momento votaron por Trump, creyendo que sus políticas no los afectarían directamente, han despertado a una realidad distinta: la xenofobia. Que promovida desde la Casa Blanca no se detendrá con la deportación de migrantes indocumentados acusados de cometer faltas, sino que, avanzará contra sus familias y eventualmente, contra cualquiera que sea considerado «inferior». A estos jóvenes latinos se suman anglosajones, afroamericanos y personas de diversas razas y orígenes, que rechazan el rumbo que está tomando Estados Unidos; especialmente la creciente concentración de poder en manos de figuras como Elon Musk.
Hablar de migración, requiere considerar la oposición internacional, encabezada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, quien ha seguido el ejemplo de AMLO, al mantenerse firme ante los intentos injerencistas de Trump. México ha defendido su papel como socio comercial de Estados Unidos, una posición que ha costado años de esfuerzo y sacrificio, por parte de su población y que los gobiernos de la 4T, han logrado consolidar. Sin embargo, este estatus no ha estado exento de consecuencias: el modelo económico, ha generado un profundo empobrecimiento en amplios sectores de la sociedad, obligando a muchos mexicanos a emigrar; en su mayoría de manera indocumentada, en busca de mejores oportunidades. En este contexto, es fundamental que el liderazgo de México, no se limite a la relación bilateral con Estados Unidos, sino que se traduzca en un fortalecimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Consolidar este bloque permitiría a la región negociar en mejores condiciones y avanzar, hacia una política migratoria regional basada en la cooperación y el desarrollo, en lugar de depender de los dictados de Washington. La CELAC, debe convertirse en un contrapeso real, que promueva soluciones estructurales a la crisis migratoria, fortaleciendo la soberanía de los países latinoamericanos y generando oportunidades para que sus ciudadanos, no se vean obligados a emigrar.
Hablar de migración, es reconocer que este fenómeno está lejos de resolverse y que el regreso de Trump, solo profundizará el debate. Su discurso y políticas han puesto el tema en el centro de la agenda global, generando tanto rechazo, como apoyo. Esta creciente atención, podría abrir la puerta a una reforma migratoria en el mediano plazo. Incluso el Papa Francisco ha intervenido, instando a la comunidad internacional a buscar soluciones justas y humanitarias para los migrantes.

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