ENTRE LA REPRESIÓN Y LA RESISTENCIA

Por Diego Torres

Hablar de migración, nos invita a contemplar el amplio panorama del fenómeno migratorio que a menudo, se simplifica en cifras sobre quienes emigran y regresan a sus lugares de origen; pero que en realidad es un proceso sumamente complejo. Detrás de cada número hay historias humanas, muchas de ellas, marcadas por la desesperación de quienes se ven obligados a emprender un viaje; que jamás desearon hacer. Una combinación de pobreza y violencia, teje relatos desgarradores que pocas veces, son conocidos por una sociedad, que ante las preocupaciones diarias, ignora el sufrimiento de millones de personas; cuyo único propósito al migrar es sobrevivir.

Hablar de migración, sirve para concientizar a la sociedad, no solo sobre las razones que impulsan a los migrantes a buscar una mejor vida, sino también, sobre la responsabilidad colectiva en las causas que originan la migración y en las soluciones que pueden implementarse. Actualmente, vivimos un momento clave en la historia global. La llegada de Donald Trump, a la presidencia de Estados Unidos, representa un intento descarado de la oligarquía por aferrarse al poder absoluto, poder que, ante la expansión de los BRICS y el avance de los gobiernos progresistas en América Latina, comienzan a tambalearse.

Hablar de migración, ante Trump y sus políticas xenófobas, nos obliga a reconocer las injusticias que busca imponer sobre la comunidad migrante en Estados Unidos, pero también a reflexionar, sobre como la propia sociedad ha contribuido a que esto ocurriera. En el caso de México, la falta de participación ciudadana en las decisiones políticas, ha causado un gran daño. En 1994, con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC), el campo mexicano fue condenado a la dependencia económica y a su destrucción, así como también al incremento de la migración. Sin embargo, la llegada de Andrés Manuel López Obrador, a la presidencia en 2018, demostró que el cambio es posible y que el pueblo puede salvar al pueblo. Aun así, queda claro que la organización popular, sigue siendo necesaria para salvar a la nación.

Hablar de migración, nos permite ver el enorme potencial organizativo de la comunidad migrante en Estados Unidos. Los trabajadores migrantes indocumentados, aportan recursos fundamentales, tanto en México como en Estados Unidos; pero además, se suman los casi 30 millones de personas de segunda y tercera generación de origen mexicano. Estas personas con mejores condiciones educativas, laborales y organizativas, han comenzado a tomar las calles de Estados Unidos, para protestar contra la campaña de odio dirigida hacia sus familias. Estas movilizaciones, han puesto en jaque a Trump, llevándolo a tomar medidas, aún más drásticas para acallar estas voces disidentes, persiguiendo incluso a residentes legales por participar en protestas contra las políticas del gobierno. Entre las acciones más alarmantes, destaca la deportación de migrantes hacia la base militar de Guantánamo, como paso previo a su reclusión en la mega prisión de Bukele en El Salvador. Todo esto sin juicio ni pruebas, bajo la simple acusación de representar un supuesto peligro para Estados Unidos, según la retórica de Trump.

Hablar de migración, se ha convertido, en un tema central a nivel mundial. Los flujos migratorios no desaparecerán y ante las medidas represivas de varios gobiernos, el problema no se resolverá; mientras no se ataquen sus causas y se combata la pobreza y la violencia que, paradójicamente son incentivadas por Estados Unidos.

Hablar de migración, nos obliga a reconocer, la urgencia de una verdadera reforma migratoria; pero no desde Estados Unidos, quien, mientras le siga generando enormes beneficios económicos nunca la impulsará. Una verdadera reforma migratoria, debe gestarse desde fuera. México puede y debe dar el ejemplo; los flujos migratorios que cruzan nuestro país, donde muchos de los migrantes, ven en México una posible nueva patria, lo que hace imperativo, un replanteamiento completo de la política migratoria nacional. Es fundamental que México, impulse un modelo que pueda servir de referencia para otros países y que integre a las naciones de la región en una estrategia común. Como lo propuso Andrés Manuel López Obrador, al buscar fortalecer la CELAC, para garantizar el bienestar de los pueblos de América; la migración debe ocupar un lugar prioritario en esta agenda.

Hablar de migración, no es solo describir el tránsito de personas; es hablar de derechos humanos, de economía, de justicia y de un nuevo orden global en construcción. Las respuestas no pueden limitarse a políticas de contención y criminalización, sino que deben enfocarse en soluciones integrales que respeten la dignidad y los derechos de quienes migran. México y América Latina tienen la oportunidad de liderar un nuevo enfoque basado en la cooperación, la inclusión y el desarrollo, en el que la migración deje de ser vista como un problema y se reconozca como lo que realmente es: un derecho humano.

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