Por Diego Torres
En 1963, Malcolm X popularizó la contraposición entre el “House Negro” y el “Field Negro”, una metáfora política que se puede utilizar en la actualidad, con las debidas diferencias y respetando uno de los capítulos más tristes de la historia humana: la esclavitud a la que fueron sometidas las personas traídas de África, durante cerca de 250 años. El Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, recuerda que la esclavitud marcó gran parte de la historia de Estados Unidos y que la Enmienda 13, ratificada en 1865, puso fin legal a la esclavitud, aunque la verdadera libertad de la comunidad afroamericana sigue sin alcanzarse por completo.
Este fenómeno del distanciamiento, entre quienes sufren una misma represión se sigue dando. El egoísmo y la ignorancia, han impedido la organización que podría otorgar libertad a los grupos oprimidos. Los migrantes, como ocurrió también con algunos sectores sometidos durante la esclavitud, han escogido un camino relativamente más fácil, pero que los perpetúa en la sumisión y los obliga a soportar los abusos de una minoría de supremacistas blancos, que brillan por la brutalidad con la que han logrado hacerse no solo de los medios de producción, sino también de los medios de manipulación y represión.
La analogía entre el “House Negro” y algunos migrantes naturalizados o con residencia legal, se da en la defensa del opresor. Malcolm X, usó esa imagen para hablar del esclavo que se identificaba con la casa del amo, mientras el esclavo del campo cargaba con la parte más brutal de la explotación. Si la casa del amo se quemaba, el esclavo de la casa luchaba por apagar el fuego. Hoy, mientras Trump usa el poder del Estado para perseguir migrantes, ampliar deportaciones y atacar derechos que también protegen a personas no ciudadanas dentro de Estados Unidos, hay latinos que lo defienden fervientemente. La Biblioteca del Congreso, recuerda que la Constitución reconoce protecciones de debido proceso para las personas dentro del territorio estadounidense, sin importar su estatus migratorio.
Mientras tanto, el “Field Negro” y el migrante indocumentado padecen la violencia del blanco; pero también el desprecio y el señalamiento del “House Negro” y del migrante regularizado.
Por otra parte, el blanco se sirve del vasallo: lo explota, lo humilla y lo mantiene en una constante vigilia, con el temor de que en cualquier momento puedan retirarle los precarios beneficios. Antes era mandarlo al campo. Hoy puede ser quitarle papeles, dejarlo vulnerable ante una detención, encarcelado y posteriormente deportarlo.
Si bien, las personas esclavizadas vivieron una violencia extrema, eso no significa que lo que se vive en la actualidad, no pueda compararse desde ciertos puntos. El esclavo, no podía dejar voluntariamente su trabajo. El migrante, aunque formalmente puede moverse, muchas veces no puede dejar de trabajar para un sistema que lo perpetúa en la pobreza. Y conforme pasan los años y su capacidad laboral baja, los abusos se vuelven mayores.
La esclavitud no desapareció del todo; solo se transformó en nuevas formas de explotación. Se cree que los migrantes están en mejores condiciones, porque “gozan” de libertades y servicios que los esclavos no tenían: salarios superiores, pensiones, estabilidad laboral, beneficios educativos, prestigio institucional, oportunidades de ascenso y otros. Pero la verdad es que, para la mayoría, todo eso es una ilusión. Muy pocos migrantes tienen acceso real a esos beneficios. Y cuando los tienen, muchas veces es porque los prestadores de esos servicios también se benefician económicamente de ellos.
La atención médica en Estados Unidos, no es de fácil acceso para los migrantes. Solo unos cuantos la tienen. Kaiser Family Foundation (KFF), ha documentado que los inmigrantes no ciudadanos, en especial quienes probablemente son indocumentados, tienen tasas más altas de falta de seguro médico y enfrentan más barreras para acceder a la atención. Sin embargo, son los impuestos de millones de migrantes indocumentados, los que sostienen buena parte de los costos del propio sistema. El Instituto de Política Fiscal y Económica estimó que, las personas indocumentadas pagaron 96.7 mil millones de dólares en impuestos en 2022, incluyendo miles de millones destinados a programas como Seguro Social y Medicare, de los cuales muchas veces quedan excluidas.
Si un migrante indocumentado necesita atención médica, muchas veces acude al curandero, a la clínica comunitaria o simplemente aguanta el dolor, tal como lo hacían quienes eran obligados a sobrevivir sin derechos. La diversión también existe, en medio de la más brutal esclavitud; el ser humano siempre busca maneras de mantener la esperanza, en medio de las tempestades.
La actitud de estos grupos menos violentados, a quienes el amo blanco ha dado migajas, es una táctica que ciega las mentes, de aquellos que en algún momento de la historia padecieron esa violencia. Además, esa amabilidad no es gratuita: sirve para compensar la enorme desventaja numérica, que tienen los blancos frente a los otros. La mentalidad del “House Negro”, impidió la sublevación de miles de personas esclavizadas, contra unos cuantos amos y capataces. Así mismo, la mentalidad del migrante que ha dejado de ser indocumentado, cambia abruptamente y se siente superior a los demás y merecedor de todo lo que tiene.
Pero también se siente amenazado. Sabe que el amo, en cualquier momento, le puede quitar todo por lo que sufrió y por eso se voltea contra los suyos. El migrante indocumentado que habla inglés, ve inferior y abusa del que solo habla español. El residente permanente bilingüe, ve inferior al que sólo habla su lengua materna y a los indocumentados. El naturalizado actúa de igual forma y el nacido en Estados Unidos, incluso llega a sentirse blanco y desprecia a todos los demás. Si bien esta no es una regla general, sí es por lo menos la actitud de grupos importantes dentro de la comunidad migrante.
Al igual que los afroamericanos lograron liberarse formalmente de la esclavitud y continúan luchando por erradicar la discriminación que aún hoy padecen, la comunidad migrante indocumentada, también puede hacerlo. Pero para ello, es indispensable el surgimiento de liderazgos comunitarios verdaderos, como lo fueron Malcolm X y Martin Luther King Jr. Aún no los tenemos. Abundan migrantes que se presentan como líderes, pero no son más que “House Negros”. Utilizan la lucha migrante, para beneficio propio y protegen al opresor.
La globalidad del tema migratorio y la injerencia de Trump en todo el continente, abren la puerta para que estos liderazgos no tengan que surgir necesariamente desde dentro de Estados Unidos. Pueden surgir de los miles de migrantes, que ya han sido deportados, de los hijos o nietos de inmigrantes indocumentados, que están siendo perseguidos en estos momentos en territorio estadounidense. Pueden surgir de cualquier lado, pero es indispensable que surjan ya, antes de que la ideología trumpiana se establezca de manera permanente en Estados Unidos.

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