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Por Diego Torres

Hablar de Migración, también implica voltear hacia Alaska, aunque casi nunca se haga. Como si fuera el estado más grande de Estados Unidos y no formara, parte del fenómeno migratorio estadounidense. La migración hacia Alaska, está lejos de los números de estados como California, Arizona, Texas, Nueva York y otros; sin embargo, representa poco más del 7% de la población estatal, aproximadamente la mitad del promedio nacional. De acuerdo con datos recientes del Censo de Estados Unidos, retomados por USAFacts, en 2024, la población nacida en el extranjero en Alaska representa el 7.7% de la población estatal, frente al 14.8% a nivel nacional. Además, el funcionamiento de sectores económicos importantes depende de la mano de obra migrante, en su mayoría con estatus documentado, pero también con un número menor de migrantes sin documentos.

La migración hacia Alaska, se ha dado desde finales del siglo XIX. En un inicio llegaron personas de China y Japón, que fuerón clave en el crecimiento de las industrias conserveras y pesqueras. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, constata que la industria conservera de salmón en Alaska, depende primero de trabajadores chinos, después de japoneses y más tarde de filipinos. Ya en el siglo XX, los migrantes provenientes de Filipinas comenzaron su llegada y crecimiento hasta convertirse, hoy, en el grupo predominante dentro de la población migrante de Alaska. Datos de Data USA muestran que, en 2024, Filipinas fue el principal país de nacimiento de la población extranjera en Alaska, seguido por Corea y México.

Las maneras en que los migrantes llegan a Alaska, son diversas: vía aérea, a través de vuelos nacionales e internacionales; vía marítima; y también por vía terrestre. Si bien, la mayoría de los migrantes que llegan a Alaska lo hacen de manera documentada, eso no significa que la migración irregular o de personas indocumentadas esté presente. La posibilidad de que inmigrantes sin estatus regular dentro de Estados Unidos, se desplacen hacia Alaska, mediante un vuelo nacional, existe. También, pueden llegar personas que ingresaron con visa y se quedaron una vez vencida; así como migrantes que entraron por Canadá, ya que la frontera terrestre entre Canadá y Alaska es extensa y la seguridad no es la misma que se observa en la frontera con México.

En 2012, Pew Research Center, estimó que cerca de 15 mil migrantes indocumentados, se encontraban en Alaska, de los cuales 10 mil se encontraban dentro de la fuerza laboral. Más recientemente, el Migration Policy Institute, estimó la población indocumentada de Alaska, en alrededor de 14 mil personas. No son cifras enormes si se comparan con otros estados, pero sí muestran que la migración irregular también existe en ese territorio que muchas veces queda fuera de la discusión migratoria.

Alaska, recibe trabajadores temporales mediante diversas visas, pero es uno de los estados que más ha utilizado la visa H-2B para contratar empleados temporales en actividades no agrícolas, especialmente en industrias como el procesamiento de mariscos. En 2021, Alaska alcanzó 12,804 puestos certificados bajo el programa H-2B, equivalente al 7.1% del total nacional de puestos certificados ese año. Para 2023, el número se redujo a 825 trabajadores solicitados por empleadores de Alaska, de los cuales 554 fueron para puestos de procesamiento de mariscos, según datos retomados por medios de Alaska, a partir del Departamento de Trabajo estatal.

Esa disminución es significativa, aunque no existe información precisa de cuántos de esos trabajadores temporales, no regresaron a sus países. No es una sospecha salida de la nada. Está bien documentado que, muchos trabajadores temporales en otras partes de Estados Unidos son sometidos a abusos laborales. Los empleadores, actúan con total impunidad ante la indiferencia tanto del gobierno estadounidense como de los gobiernos de donde son originarios. También es sabido que, no todos los trabajadores temporales regresan, menos cuando saben que la posibilidad de volver a ser contratados es mínima.

Otra de las vías por las que los migrantes han llegado a Alaska, es mediante el refugio. El programa Refugee Assistance & Immigration Services, conocido como RAIS, informó que en el año fiscal 2025 atendió a 1,280 personas refugiadas o recién llegadas que se habían reasentado en Alaska, durante los cinco años anteriores.

Como podemos ver, la migración también se da en el punto más alejado de Estados Unidos; con las variantes propias de su ubicación tan remota. Pero sigue siendo una muestra clara de la necesidad, que tiene Estados Unidos de la mano de obra migrante para mantener funcionando su economía.

Alaska, es un punto al que se debe seguir con atención. Ante la embestida del gobierno de Trump contra los migrantes, es posible que en los próximos años los números en ese estado cambien. La estructura de ICE, DHS y de todas las agencias migratorias, es más limitada en esa región. La enorme frontera terrestre entre Canadá y Estados Unidos, puede convertirse en un camino viable para que algunos flujos migratorios se internen en el estado.

Personas con visas, TPS, DACA o cualquier permiso o programa que les permita una estadía regular en Estados Unidos, pero que esté próximo a vencerse, pueden ver una opción atractiva en ese territorio inhóspito. Pero también, existe la posibilidad de que el gobierno de Trump, en aras de completar sus números de deportaciones y para no afectar los intereses de muchos de quienes lo han apoyado y financiado en su carrera, vean en Alaska, un terreno fértil para redadas y deportaciones de migrantes filipinos, dejando intactos por el momento a millones de migrantes indocumentados, en su mayoría mexicanos, en los principales estados donde se concentran los migrantes y la riqueza de Estados Unidos.

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