Por Diego Torres
La migración de retorno, es una de las caras de la migración irregular y así como hablar de migración, significa hablar de las muchas causas que la originan y de las diversas rutas que un migrante recorre buscando cómo llegar hacia el norte, con la esperanza de conseguir un futuro mejor, igual de diverso, complicado y desalentador puede ser el recorrido de regreso.
Donald Trump, prometió llevar a cabo la mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, las deportaciones siguen lejos de la escala que anunció durante su campaña. Eso no significa que la presión y la violencia que padecen los migrantes, en especial los indocumentados, sean menores. Por el contrario, son brutales.
Trump, se ha valido de diversas maniobras para mantener contento al sector más radical de Estados Unidos. Una de sus primeras acciones como presidente, fue conceder indultos o conmutar las penas de prácticamente todos los condenados por los hechos del 6 de enero de 2021, en el Capitolio; después de que perdiera la elección presidencial frente a Joe Biden. Además, su gobierno emprendió una contratación masiva para ampliar ICE; la propia administración ha presumido el crecimiento de la agencia y el Departamento de Seguridad Nacional, llegó a ofrecer bonos de contratación de hasta 50 mil dólares.
También, ha mantenido una confrontación constante con el Poder Judicial por algunas de sus políticas. Uno de los ejemplos más claros, fue su intento de restringir la ciudadanía por nacimiento, para hijos de determinados inmigrantes indocumentados o con estatus temporal. La Suprema Corte de Estados Unidos resolvió, el 30 de junio de 2026, que esa orden violaba la Decimocuarta Enmienda. A pesar de ello, este tipo de acciones han servido para alimentar el discurso de los sectores más radicales, racistas y antiinmigrantes de Estados Unidos.
Otra de las declaraciones victoriosas de Trump, ha sido presumir que, aunque las deportaciones no alcanzan la dimensión prometida, millones de migrantes han abandonado voluntariamente Estados Unidos. Su gobierno llegó a afirmar que 2.2 millones de personas se habían “autodeportado”. El problema es que, esa cifra no cuenta con información pública suficiente, que permita comprobarse de manera independiente. El Migration Policy Institute y otros analistas, han señalado precisamente esa falta de datos; mientras que la información conocida sobre el programa gubernamental de salida voluntaria, arroja cifras muy inferiores.
Esto, no significa que las salidas voluntarias no existan. Existen y son miles. Lo que no puede hacerse es presentar como un hecho comprobado, una cifra de millones, cuando el propio gobierno no ha mostrado con claridad cómo llegó a ella.
Todo esto ocurre, mientras se destinan cantidades extraordinarias de dinero al aparato migratorio. Tan solo la legislación presupuestaria aprobada en 2025, asignó alrededor de 74 mil 850 millones de dólares adicionales a ICE, disponibles durante varios años: 45 mil millones, para ampliar la capacidad de detención y casi 30 mil millones, para operaciones, personal y otras actividades. A ello, se han sumado nuevos recursos aprobados posteriormente.
Si bien, las cifras utilizadas por Trump sobre las “autodeportaciones” son cuestionables, lo que sí podemos asegurar es que, cientos de miles de migrantes han sido deportados y que otros han decidido regresar por su propia cuenta.
Esta realidad, nos obliga a mirar ese camino, igual de doloroso que el que muchos emprendieron al iniciar su historia migratoria. La esperanza que los impulsó a buscar el norte, ahora puede convertirse en desesperanza, sufrimiento y dolor, al verse obligados a volver a comunidades donde todavía persisten la pobreza, la violencia o los peligros que los expulsaron en primera instancia.
Los abusos, engaños y promesas que miles de migrantes enfrentaron durante su ruta migratoria, también aparecen en el camino de regreso. El gobierno de Trump, creó un programa para incentivar la salida voluntaria mediante la aplicación CBP Home, ofreciendo transporte y ayuda económica a quienes aceptaran salir del país. El programa existe y ha operado; lo que resulta mucho menos transparente, es la distancia entre las personas que realmente han utilizado estos mecanismos y los millones de “autodeportados”, que el gobierno asegura haber provocado.
En el caso de niñas, niños y adolescentes, el regreso puede significar volver justamente a los lugares y circunstancias de las que intentaron escapar. A principios de 2026, una investigación de El Universal, documentó que Estados Unidos, devolvía en promedio a decenas de menores mexicanos no acompañados cada día y que algunos, habían intentado cruzar repetidamente. También se documentaron casos de adolescentes atrapados en dinámicas de reclutamiento y explotación por parte del crimen organizado.
Devolver a un menor, no significa necesariamente haberlo protegido. Si la violencia, el abandono, la pobreza o el reclutamiento criminal siguen esperándolo al regresar; el retorno puede convertirse simplemente en el inicio de otro ciclo de peligro.
También existen mexicanos que, ante el miedo, las dificultades económicas y las medidas migratorias cada vez más agresivas, han regresado por su propia voluntad, sin presentarse ante una autoridad migratoria estadounidense y, en muchos casos, sin acudir tampoco ante una autoridad mexicana.
Aquí aparece otro problema. El gobierno mexicano, asegura que “México te abraza”, busca apoyar la reintegración de los connacionales que regresan y ha informado que, entre enero de 2025 y agosto de 2026, recibió a más de 271 mil mexicanos repatriados y proporcionó más de un millón y medio de servicios. Sin embargo, la operación del programa está construida principalmente alrededor del proceso formal de repatriación, de los puntos oficiales de recepción y de documentos como la Carta de Repatriación.
Para quien simplemente carga su automóvil, cruza la frontera y vuelve a su comunidad, después de años viviendo indocumentado, la ruta para acceder a esos apoyos es mucho menos clara. Se sigue sin comprender por completo lo que significa la palabra indocumentado; ni lo que implica vivir durante años en las sombras. Muchas veces no existe un expediente que pueda demostrar veinte años de miedo, trabajo y sacrificio.
Y el regreso tampoco termina al cruzar la frontera.
Los migrantes que vuelven con lo poco que pudieron juntar, enfrentan nuevamente la inseguridad de las carreteras mexicanas. Existen denuncias documentadas de paisanos, que han sufrido robos y extorsiones durante su tránsito por México; incluso señalamientos contra integrantes de distintas corporaciones de seguridad. El propio Programa Héroes Paisanos nació, hace décadas, precisamente ante denuncias de maltrato, robo, corrupción y extorsión contra mexicanos que regresaban al país.
Después llegan a sus comunidades y descubren que todo el esfuerzo de años, no alcanza para ser reconocidos como los “héroes” de los discursos oficiales. Persisten enormes dificultades para lograr una verdadera reintegración laboral, social y económica. Los salarios muchas veces no alcanzan ni siquiera para construir una vida pobre, pero tranquila.
Siguen al amparo de los cárteles, de los malos gobernantes y de una corrupción que, por más que se diga que las escaleras se barren de arriba hacia abajo, la realidad es que apenas se ha limpiado el primer piso de un rascacielos interminable.
El camino del migrante deportado, del que se “autodeporta” o del que regresa voluntariamente a fuerza, es desolador. Muchos llevaban una vida entera en Estados Unidos. Eran parte fundamental de una comunidad allá y al mismo tiempo, el sostén de una familia acá. Ahora pueden encontrarse desamparados.
Los discursos no quitan el hambre ni protegen de las balas.
Estados Unidos y México, pueden ser crueles con el migrante. México, los expulsó durante décadas por falta de oportunidades y se benefició económicamente de las remesas que enviaron a sus familias. Estados Unidos, les permitió trabajar, producir, pagar impuestos, formar familias e integrarse en sus comunidades mientras aprovechaban su fuerza laboral.
Ahora Estados Unidos los persigue, los detiene, los humilla y los deporta. Y algunos han muerto bajo custodia o durante operativos vinculados con ICE. El propio Gobierno de México, informó en julio de 2026 que tenía registrados 17 mexicanos fallecidos en situaciones relacionadas con ICE: 14 bajo custodia y tres durante operativos, casos por los cuales anunció acciones legales y exigió investigaciones.
México, mientras tanto, los recibe con discursos de abrazos y promesas que muchas veces se van diluyendo conforme se alejan de la frontera y llegan a sus comunidades.
Entonces aparece la realidad más dura: después de años de pertenecer a una comunidad en Estados Unidos y de sostener otra en México, muchos regresan para descubrir que están solos frente a un país, que ya no conocen del todo y frente a otro que, decidió que ya no los quería.
Y terminan enfrentando nuevamente esa vieja herida del migrante: sentir que ya no son ni de aquí, ni de allá.

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