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El nuevo equilibrio en el Congreso abre una etapa de confrontación con Trump y coloca nuevamente la migración en el centro de la disputa política.

Por Diego Torres

La jornada electoral en Estados Unidos terminó, y aunque falta aún el proceso de certificación, todo indica que habrá un cambio significativo en el escenario político en Estados Unidos. Las proyecciones de Associated Press (AP), indican que el Partido Demócrata, logró recuperar el control de ambas Cámaras del Congreso.

Esto ha desbordado la euforia de millones de personas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Es evidente que, esta elección tenía el ingrediente adicional de ser vista como una batalla contra Donald Trump. El mismo presidente, durante las semanas anteriores, hizo repetidos llamados a votar como si él estuviese en la boleta, intentando incentivar a los millones de estadounidenses que lo apoyaron para llegar a la presidencia en las elecciones de 2024. Y todo indica que la gente lo escuchó y le demostró su descontento.

La victoria del Partido Demócrata, se explica en buena medida, por el malestar de una parte de la población estadounidense que, a pesar de ideológicamente estar del lado republicano, sintió el golpe de las políticas económicas implementadas por Trump. Los análisis posteriores a la elección, señalan entre las principales preocupaciones de los votantes, el costo de vida, la inflación y el desempeño del gobierno.

La persecución migratoria, también jugó un papel importante; particularmente en lugares como Texas; donde el rechazo a los operativos migratorios fueron parte de la movilización de sectores latinos. Pero nos engañaríamos si no reconociéramos que, incluso dentro del Partido Demócrata, existe un desprecio hacia los migrantes. De todas las denuncias contra los actos violentos de ICE, prácticamente no existió un pronunciamiento que colocara como prioridad, la regularización de la situación de millones de migrantes indocumentados. Lo que se pedía era, que los dejaran en paz, para que pudiesen seguir en las sombras sin gozar prácticamente de ninguna protección.

Es lógico esperar que Trump, al no disponer de una mayoría republicana, se vea mucho más limitado para conseguir la aprobación de presupuestos, legislación y nombramientos que requieren la confirmación del Senado. AP señala que el nuevo Congreso, podrá bloquear iniciativas y nominaciones de Trump, además de iniciar investigaciones sobre su administración.

Esto nos obliga a estar atentos a las acciones que emprenderá Trump, durante los casi dos meses que todavía le quedan con un Congreso, controlado por los republicanos. Los nuevos senadores y representantes, asumirán sus cargos el 3 de enero; por lo que los actuales legisladores continuarán en funciones hasta esa fecha.

Pero el resultado de las elecciones, debe verse mucho más allá de las Cámaras. Las gubernaturas, también son un tema relevante y pondrán resistencia a la segunda mitad del mandato de Trump. Los demócratas ganaron gubernaturas, que estaban en manos republicanas, entre ellas Texas, Georgia, Iowa y Ohio. Llegarán a 2027, controlando la mayoría de las gubernaturas del país.

Si bien todas las gubernaturas ganadas por los demócratas son importantes, la de Texas, es extremadamente significativa. No solo porque Gina Hinojosa, de ascendencia mexicana, se convirtió en la primera gobernadora latina de Texas y terminó con más de tres décadas de gobiernos republicanos; sino también porque Bobby Pulido ganó el distrito 15 y llegará a la Cámara de Representantes federal.

Esto ocurre en un estado que, durante los últimos años, aprobó algunas de las políticas estatales más agresivas contra los migrantes. Una de ellas es la SB4, que permite a las autoridades estatales detener a personas sospechosas de haber ingresado irregularmente desde México y que, después de una larga batalla judicial, entró en vigor en 2026, mientras continúa siendo impugnada ante los tribunales.

Las elecciones aún no terminan. Falta todo el proceso hasta la certificación y habrá mucho que analizar, pero, sobre todo, mucho que vigilar. Trump, no se paralizará ante esta derrota. Nos falta ver qué hará en los siguientes meses. Debe proteger a sus aliados y asegurarse de que no sea removido del cargo. Si bien es cierto que, se ha obtenido una victoria electoral para los demócratas, la batalla política aún continúa.

Otro de los resultados de esta elección, es la posibilidad de que las marchas de No Kings, pierdan fuerza. Estas movilizaciones, llegaron a realizarse en miles de ciudades y en las semanas previas a la elección. Ante esto, la comunidad migrante, deberá continuar con sus movilizaciones de protesta hasta que las condiciones cambien y el gobierno estadounidense, en su totalidad, muestre el respeto que los migrantes se merecen.

Y este movimiento ya está en camino. Nombres como Zohran Mamdani, Abdul El-Sayed, Alexandria Ocasio-Cortez, Bobby Pulido, Gina Hinojosa y Xavier Becerra, entre otros, muestran una cara de Estados Unidos mucho más cercana a la realidad de una nación construida también, por migrantes y sus descendientes.

Pensar que el poder de Trump, desaparecerá después de estos resultados, sería irresponsable. Si bien, se verá limitado en muchas decisiones, no es la primera vez que está en esta posición; ya enfrentó esta oposición durante su primer mandato y en esta ocasión, cuenta con recursos que no tenía entonces. Incluso su fortuna personal, es actualmente mayor: Forbes estimaba en septiembre de 2026, que su patrimonio era aproximadamente 2,700 millones de dólares superior, al que tenía cuando ganó las elecciones de 2024.

También, cuenta con presupuestos para la política migratoria que, ya fueron aprobados y que no desaparecen automáticamente con el cambio de mayoría en el Congreso. En junio de 2026, el Congreso aprobó alrededor de 70 mil millones de dólares adicionales para ICE y la Patrulla Fronteriza, con recursos que se extienden hasta 2029. Esto obliga a continuar observando las actividades de ICE. Podríamos ver una disminución de la agresividad mostrada hasta ahora, pero también podríamos presenciar una mayor confrontación con estados, ciudades o sectores económicos que, no se alineen con las políticas de Trump.

En el terreno de la migración, se abre la puerta a una discusión seria sobre una reforma migratoria. En este momento, en el que el Partido Demócrata toma el control bicameral y los republicanos tendrán que redefinirse; la importancia del voto latino y del voto de ciudadanos de origen migrante genera condiciones para que este debate vuelva a darse.

Sin embargo, una mayoría demócrata en ambas Cámaras, no significa que pueda aprobarse una reforma migratoria sin Trump. Cualquier proyecto aprobado por la Cámara y el Senado, tendría que llegar a la Presidencia y Trump podría vetarlo. Para superar un veto presidencial, la Constitución exige una mayoría de dos tercios, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Esto trae a la mesa inevitablemente el tema del impeachment. Los demócratas tendrán, con el control de la Cámara, la capacidad de iniciar el proceso y aprobar artículos de acusación por mayoría simple, si se considera que, existen los elementos constitucionales para hacerlo. Pero la destitución del presidente, requeriría posteriormente el voto de dos tercios de los senadores presentes, una barrera mucho más alta. Sin embargo, es un tema que podría servir como mecanismo de presión ante los posibles vetos presidenciales, que después de todo, lamentablemente la política no siempre se juega de manera limpia.

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