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Niñas, niños y adolescentes migrantes: precariedad, rutas de riesgo y violencia
Por Diego Torres

La migración, es un fenómeno impulsado por la precariedad de vida: pobreza, violencia y el cambio climático. Millones de personas en todo el mundo son afectadas por estas condiciones; esta precariedad se magnifica en las niñas, niños y adolescentes migrantes, que en tiempos recientes ha venido al alza y que es alarmante cuando observamos que esta migración es sin el acompañamiento de un adulto que, medianamente los proteja ante los peligros característicos de la migración.

De los 24 millones de menores migrantes internacionales que la UNICEF registró entre 1990 al 2000, para 2020, se incrementó a 36 millones y en 2024 aumentó a 48.8 millones de menores migrantes.

El aumento de menores no acompañados: Estados Unidos y Europa

El aumento del flujo de menores migrantes sin acompañamiento hacia Estados Unidos, inicia entre 2012 y 2014. El Servicio de Investigación del Congreso de EE. UU. y La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) registró, encuentros de menores no acompañados en la frontera con México de aproximadamente 13,625 en 2012, 24,668 en 2013, 57,496 en 2014, 59,170 en 2016, 76,020 en 2019, tras lo cual hubo una caída en 2020 de encuentros durante la pandemia de Covid-19, para nuevamente repuntar en 2021, año en el que se registraron 144,834 casos, en 2022 149,093, 131,519 en 2023 y 99,704 en 2024.

En Europa, el patrón de aumento inició en 2015, cuando se presentó el pico más alto de 24.5% de los menores solicitantes de asilo; en los años posteriores disminuyó hasta un 19.2%, registrado en 2022. Pero en 2024, volvió a aumentar hasta llegar a 36,290 casos de solicitudes de asilo, siendo la Unión Europea (UE) el principal destino.

Orígenes y rutas: quiénes son y por dónde migran

Los principales países de origen de estos menores migrantes no acompañados llegados a la UE fueron: Siria, Afganistán, Eritrea, Somalia, Egipto, Turquía, Colombia y Venezuela. Mientras, la UNICEF informó que los menores detectados en el corredor del Darién, provenían de cien distintas nacionalidades, donde predominaban Venezuela, Colombia, Ecuador, China y Haití.

En la frontera entre México y Estados Unidos, el anuario BBVA-Migración y Remesas muestra que hasta 2014 los principales países de origen de los menores no acompañados eran: Guatemala, Honduras y El Salvador; para el periodo de 2019-2024 la lista se amplió a México, Guatemala, Honduras, Venezuela, Ecuador y Colombia.

Causas: pobreza, violencia y crisis climática

Para poder entender la necesidad de emigrar de estos menores no acompañados, debemos revisar las causas que los empujaron a hacerlo. La UNICEF, identifica como causas en América Latina y el Caribe la pobreza, la desigualdad estructural, la violencia criminal, la inseguridad alimentaria, la inestabilidad política y recientemente los desastres naturales.

De los datos proporcionados por la UNICEF, el que es más alarmante es que aproximadamente 55 millones de niñas, niños y adolescentes (NNA) están expuestos a escasez de agua, 60 millones a ciclones y 45 millones a olas de calor, lo que significa que ese número de menores, está expuesto a emigrar o a morir si no lo hacen. Por lo que podemos deducir que la migración de NNA sin acompañamiento, es un fenómeno que no disminuirá y mucho menos desaparecerá.

La violencia en el trayecto

Si bien, estas condiciones adversas son las que obligan a los menores a migrar, la violencia hacia ellos apenas empieza. En su trayecto son violentados de una manera inhumana. Tanto la UNICEF como la OIM describen los riesgos a los que se enfrentan los menores migrantes: sed, hambre, enfermedades, agotamiento, lesiones, ahogamiento, secuestro, extorsión, violencia sexual, reclutamiento, trata, desaparición y separación familiar.

Se deben añadir las complicaciones de cruzar la selva del Darién, una de las rutas más peligrosas del mundo, donde la UNICEF ha reportado que entre enero y noviembre de 2024, cruzaron 297,354 personas, entre las que se contaban 63,647 menores.

La frontera sur de México, así como cualquiera de sus múltiples rutas migratorias, se caracteriza por el peligro latente a todo momento; la misma organización documentó que en 2024 hubo 925,085 migrantes irregulares. De ese total, 108,444 eran menores y de esos 4,383 iban sin acompañamiento: menores que se enfrentan a las condiciones de la frontera entre México y Estados Unidos, ya sea por el desierto, la montaña o el Río Bravo, las condiciones son igualmente peligrosas.

En la ruta del Mediterráneo, la ACNUR registró en 2024 199 mil llegadas, de las cuales 3,580 personas se reportaron como desaparecidas o muertas; si bien no se especifica el número de menores sin acompañamiento, la OIM estima que de los menores migrantes más de la mitad lo hacían sin acompañamiento.

Pobreza, racismo y trabajo infantil en el destino

Pero, el peligro y la violencia hacia los menores no terminan, ni siquiera llegando al destino, ya en Estados Unidos o en la UE, se enfrentarán a una serie de peligros y violaciones de sus derechos, su estatus migratorio los condena a la pobreza, hacinamiento, racismo, trabajo infantil y revictimización. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), señala que los menores migrantes terminan frecuentemente en los sectores de agricultura, trabajo doméstico y servicios, con peores salarios, jornadas más largas y más riesgo de muerte laboral que los menores locales.

Trumpismo y niñez migrante

En el caso de los menores migrantes sin acompañamiento que han llegado a Estados Unidos, debemos de considerar las acciones directamente en su contra emprendidas por el presidente Donald Trump, tanto en su primer mandato como de manera más agresiva en lo que va de su segunda administración. Trump, ha utilizado a la niñez migrante como estrategia de disuasión, contención y expulsión.

La lista es demasiado larga, pero aquí unos de los ejemplos más significativos reportados por diferentes medios de comunicación estadounidense e internacional: en su primer mandato, la OIG (Oficina del Inspector General) de DHS documentó, que durante la implementación de la política de “zero tolerance”, niños fueron separados de sus padres; las fotos de pequeños esposados siendo separados de sus familiares circularon por todo el mundo y que posteriormente fue tema de litigio y reportes periodísticos, los cuales informaron que 4,368 menores habían sido separados de sus padres. Posteriormente, ante la protesta y repudio internacional eliminó esa medida, pero dió paso a la detención prolongada, acción que ha repetido en su segundo mandato, violentando el acuerdo Flores, que limita la detención prolongada de menores.

Ya en su segundo mandato, las acciones han sido aún más violentas, como el caso de la expulsión de 76 menores guatemaltecos no acompañados, sin importar que tenían procesos migratorios activos. A esta acción, se sumó el intento de corte del financiamiento de asistencia legal para aproximadamente 26 mil niños, que favoreció la expulsión de menores. A esto, se suma el ofrecimiento de 2,500 dólares que el gobierno de Trump ofreció a los menores para aceptar una salida voluntaria, acto disfrazado de bondad; cuando lo único que se buscaba era enviar a los menores a los lugares de los que fueron expulsados.

En este segundo mandato, el acto más aberrante del trumpismo y el que puede ejemplificar todo este odio hacia los migrantes, es la opacidad que rodea el CECOT, en El Salvador, donde al momento de realizar un intercambio de prisioneros entre Venezuela y Estados Unidos, de los 252 venezolanos intercambiados, la agencia Reuters reportó que se encontraban 7 menores. El reporte, no informa si se trataba de menores deportados o no, pero sí abre el terreno a la especulación, de qué migrantes son los que están siendo mantenidos en la mega cárcel de Bukele, lo que sí es un hecho comprobable es, por lo menos, la separación de familias continúa dándose de manera alarmante.

Violencia sistemática

La violencia hacia niñas, niños y adolescentes migrantes, es un patrón que se repite cada vez de manera más frecuente. Inicia desde mucho antes de que los menores dejen sus comunidades y conforme se avanza en la ruta migratoria, esta violencia aumenta a cada paso. Y la muestra más visible de esta violencia hacia los menores migrantes, es el caso del trumpismo, el cual ha construido una ofensiva extremadamente agresiva en la historia de Estados Unidos contra la niñez y que poco a poco, se va extendiendo a los principales países receptores de la migración.

Las niñas, niños y adolescentes migrantes no son cifras: son infancias perdidas que no podrán recuperarse.

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